lunes, 19 de abril de 2010

Cloaca

Malhaya la ocurrencia de preguntarle a Vlady si iría a la Argentina. Alucinado por la sospecha de que quisiera hacerle un encargo, me aseguró que tenía la maleta llena y no podía llevar ni traer nada. De nada me valió decirle que no era mi intención, que sólo se diera vuelta por una librería. Dos horas después subió pachequísimo y con la paranoia hasta el tope. Luego de que Esteratu lo corrió de la reunión con Mr. Burns, enloqueció y se volvió monotemático: psiquiatra y no sé cuántos interlocutores telefónicos escucharon la cantaleta de que una señorita le pidió llevar un paquete, por supuesto él se había negado de manera rotunda ante ese hecho casi delictivo, y aclaró que bien sabe de los riesgos de llevar paquetes a desconocidos.
Jornada infernal la de hoy. Todos apaleados, cual timbales por un par de baquetas, una esquizoide y otra diabólica, febrilmente aplastados entre el juego de platillos. Mejor habría sido estar entre los platillos tan angustiados como los rusos ante la invasión francesa continúa

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