Hemos sorteado duros obstáculos, le dije a Zx ante una cascada completamente blanca, detergentosa, y comencé a subir a fuerza de brazadas. A mitad de la pendiente, su cuerpo emergió del agua y en completa sincronía logramos cumplir tan ardua tarea. En la orilla de la presa madre descansaba, los brazos sostenidos de la barda. Afuera jugaba el Pingüi.
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