
Ayer perdí la oportunidad de ir al estreno de una obra de Héctor Mendoza. Mura me había invitado el martes, tan a la ligera que se anticipaba un plantón. No sé con qué tendencia masculina me he topado en los últimos tiempos que las citas se insinúan para dejar abierta la posibilidad de ser canceladas en cualquier momento. Decidí no cancelar mi cita con el psicoanalista y me olvidé del asunto hasta que recibí la llamada de Mura para preguntarme si lo acompañaría. La satisfacción que experimenté al rehusarme me habría durado hasta la medianoche, pero me enteré de que al estreno siguió una cena con escritores y actores, y yo encerrada en casa con tres cervezas que bebí con más aburrimiento que placer.
Quizá todo fue el preámbulo para que me llegara un par de iluminaciones. Una la detectó mi psicoanalista: luego de que estuve media hora quejándome del normópata en turno, me preguntó por el escritor y fue imposible ocultar una sonrisa de amplia satisfacción. "Nunca te he visto esa cara cuando hablas de ...", y es verdad.
La otra tiene que ver con un recuerdo que de tan enterrado al principio relacioné con ..., pero con el único normópata que he ido al teatro Santa Catarina es el Orangu. Muy a su pesar aceptó que fuéramos a una obra de teatro experimental, y a la salida el director, interesado por recabar opiniones sobre su trabajo, me hizo una entrevista que se prolongó media hora, tanta fue la empatía entre nosotros. Al Orangu por supuesto que no se le escapó mi entusiasmo y, celoso como es, me dijo que seguramente terminaría saliendo con el tipo, predicción que para mi infortunio nunca llegó a cumplirse. Y de toda esta historia me acordé con nostalgia ayer que Mura me contaba detalles del estreno de Mendoza... me hizo preguntarme en qué jodido momento de mi vida estuve tan borracha para pensar que formar pareja con normópatas sería una buena idea. Extrañé tanto mi vida al margen de los cánones de la mediocridad que, sin dudarlo, le pregunté qué desayunaríamos mañana.
La otra tiene que ver con un recuerdo que de tan enterrado al principio relacioné con ..., pero con el único normópata que he ido al teatro Santa Catarina es el Orangu. Muy a su pesar aceptó que fuéramos a una obra de teatro experimental, y a la salida el director, interesado por recabar opiniones sobre su trabajo, me hizo una entrevista que se prolongó media hora, tanta fue la empatía entre nosotros. Al Orangu por supuesto que no se le escapó mi entusiasmo y, celoso como es, me dijo que seguramente terminaría saliendo con el tipo, predicción que para mi infortunio nunca llegó a cumplirse. Y de toda esta historia me acordé con nostalgia ayer que Mura me contaba detalles del estreno de Mendoza... me hizo preguntarme en qué jodido momento de mi vida estuve tan borracha para pensar que formar pareja con normópatas sería una buena idea. Extrañé tanto mi vida al margen de los cánones de la mediocridad que, sin dudarlo, le pregunté qué desayunaríamos mañana.